Italia no es solo un destino de peregrinación. Es el destino. Roma, la ciudad donde Pedro y Pablo fueron martirizados, ha sido el centro de la cristiandad durante dos milenios. Pero Italia es mucho más que Roma. De norte a sur, la península está salpicada de santuarios que han marcado la historia de la fe católica de maneras que pocos países pueden igualar.
Lo que hace único a Italia como destino de peregrinación es la acumulación de capas. Cada siglo ha dejado su huella: catacumbas paleocristianas, basílicas románicas, catedrales góticas, iglesias barrocas, y santuarios del siglo XX que siguen atrayendo multitudes. Recorrer Italia como peregrino es recorrer la historia misma del cristianismo.
Roma: la ciudad eterna en sentido literal
Habría que escribir un libro entero sobre Roma como destino de peregrinación, y de hecho se han escrito muchos. Las cuatro basílicas mayores —San Pedro, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros— forman el circuito clásico de la peregrinación romana, y cada una de ellas merecería un artículo propio.
San Pedro del Vaticano es, obviamente, el centro. Pero lo que no todo el mundo sabe es que la basílica está construida literalmente sobre la tumba del apóstol Pedro. Las excavaciones bajo la basílica, realizadas en los años cuarenta del siglo pasado, revelaron una necrópolis romana y lo que se identificó como la tumba de Pedro. Se puede visitar con reserva previa, y la experiencia de bajar a esos niveles subterráneos, caminando entre tumbas paganas y cristianas del siglo I, es de las más impactantes que Roma ofrece.
San Juan de Letrán es en realidad la catedral de Roma —no San Pedro— y la iglesia más antigua de Occidente. Santa María la Mayor conserva lo que la tradición considera fragmentos del pesebre de Belén. Y San Pablo Extramuros, reconstruida tras un incendio en el siglo XIX, marca el lugar del martirio de Pablo.
Asís: donde todo empezó a cambiar
En el siglo XIII, el hijo de un rico comerciante de telas de la pequeña ciudad de Asís, en Umbría, renunció a la riqueza de su padre, se despojó de sus ropas en la plaza pública y decidió vivir en pobreza radical siguiendo el Evangelio al pie de la letra. Francisco de Asís cambió la Iglesia para siempre, y su ciudad sigue siendo uno de los lugares de peregrinación más conmovedores del mundo.
La Basílica de San Francisco, con sus frescos de Giotto que narran la vida del santo, es Patrimonio de la Humanidad. Pero Asís tiene mucho más: la iglesia de Santa Clara, el Eremo delle Carceri —la ermita en el monte Subasio donde Francisco se retiraba a orar—, y la pequeña capilla de la Porciúncula dentro de la Basílica de Santa María de los Ángeles, que Francisco restauró con sus propias manos y que fue el núcleo del movimiento franciscano.
Asís tiene algo que Roma no tiene: escala humana. Puedes recorrerla a pie en una mañana, y cada rincón te cuenta algo sobre un hombre que decidió tomarse en serio las palabras de Jesús.
Padua: el santo de los milagros
San Antonio de Padua es probablemente el santo más popular del catolicismo después de la Virgen María. Su basílica en Padua, en el Véneto, recibe más de seis millones de visitantes al año. La devoción a San Antonio es transversal: creyentes practicantes, católicos tibios, incluso personas de otras religiones acuden a pedirle favores. Hay algo en la figura de Antonio —su cercanía, su fama de intercesor eficaz— que lo hace accesible de una manera que pocos santos logran.
La basílica es un edificio impresionante, con cúpulas bizantinas y una capilla del santo que alberga sus reliquias. Lo más llamativo es su lengua, conservada intacta, que se interpreta como signo de su don de predicación. El peregrino que visita Padua se encuentra con algo poco habitual: una devoción medieval que sigue absolutamente viva en el siglo XXI.
San Giovanni Rotondo y Loreto
Italia tiene santuarios para todos los siglos. San Giovanni Rotondo, en Apulia, es el santuario del Padre Pío, el fraile capuchino estigmatizado que murió en 1968 y fue canonizado en 2002. Su iglesia nueva, diseñada por Renzo Piano, es uno de los edificios religiosos contemporáneos más impresionantes del mundo. Recibe unos siete millones de peregrinos al año, lo que lo convierte en el segundo santuario más visitado de Italia después del Vaticano.
Loreto, en las Marcas, alberga la Santa Casa: según la tradición, las paredes mismas de la casa de Nazaret donde el ángel Gabriel anunció a María que sería madre de Jesús. La tradición cuenta que los ángeles transportaron la casa por aire desde Palestina hasta Italia. Sea cual sea el origen histórico de las piedras, el santuario de Loreto ha sido durante siglos uno de los centros marianos más importantes de la cristiandad, y la Virgen de Loreto es patrona de los aviadores.
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