La Piazza del Gesù Nuovo es la puerta de entrada al corazón del casco antiguo.
En el centro de la plaza se alza una aguja marmórea en honor a la Virgen Inmaculada, erigida en 1747 con las ofertas del pueblo napolitano, por iniciativa del jesuita Francesco Pepe. El obelisco tiene 34 metros de altura y está rematado por la estatua de bronce de la Inmaculada.
– Santa Chiara (Via Benedetto Croce. Visitas todos los días del año, de 7:30 a 13 y de 16 a 20 horas. Entrada al claustro: de 9:30 a 13 y 14:30 a 17:30 días laborales y de 9:30 a 13 los festivos. Precio 4 € la tarifa completa) La hizo construir Roberto de Anjou en 1310 en estilo gótico provenzal, difuminado al añadírsele una elaborada ornamentación barroca a mediados del 1700. Dañada por los bombardeos del 1943, fue posteriormente restaurada manteniendo su estilo original de austeridad. Algunas partes de la iglesia original se salvaron, como el rosetón y el crucifijo de madera del altar principal.
Visitas recomendadas en Santa Chiara:
a) Las tumbas reales.
En la iglesia se conservan los monumentos funerarios (siglo XIV) de la familia real angevina, obra de escultores de la escuela toscana: las tumbas de Carlos de Calabria y su esposa María de Valois son obra de Tino de Camaino. En el centro del testero está la tumba de Roberto de Anjou, uno de los máximos monumentos funerarios de la Italia Medieval (fallecido en 1343) y la de otros miembros de la realeza, como Felipe de Borbón (1777).
b) El coro de las clarisas pobres, construido por Leonardo Di Vito.
Este claustro es una de las mejores
muestras del gótico napolitano. Fue decorado al fresco por Giotto y su escuela, pero sólo quedan intactos algunos fragmentos de la pintura original.
c) Claustro azulejado.
En la parte de atrás de la iglesia se localizan los claustros del siglo XIV, probablemente los más hermosos de Italia. Azulejos de mayólica amarillos y verdes cubren los pilares dispuestos en torno al patio, entre los naranjos. Los 72 pilares octogonales están unidos por bancos, y todas las superficies se cubren con azulejos de mayólica pintados por Donato y Giuseppe Massa. Los bancos se han decorado con deliciosas escenas pastoriles. Este tranquilo remanso ofrece un respiro al visitante.
El campanario, independiente, aún se levanta sobre los cimientos originales.
Los enormes belenes navideños están en una sala al lado de los claustros.
d) La guglia dell’Immacolata (la aguja de la Inmaculada) del 1747.
La Aguja de la Inmaculada, de 34 metros de altura, con una estatua de la Virgen de la Inmaculada Concepción erigida en 1747. El 8 de diciembre de cada año, se celebra la ceremonia de la Inmaculada Concepción colocándole a la virgen una corona de laureles.
Fueron los Jesuitas quienes encargaron esta gigantesca aguja de mármol como símbolo de su devoción a la Virgen y también como signo tangible del poder de la Compañía. El monumento, inspirado en los obeliscos del antiguo Egipto, se comenzó en 1743 según un proyecto de Giuseppe Genuino. La elaborada decoración de piedra, donde aparecen los santos jesuitas y pasajes de la vida de la Virgen, fue esculpida por Francesco Pagano y Matteo Bottigliero y está considerada una obra maestra de la escultura napolitana del XVIII. La estatua de María es el centro de la devoción popular el día de la Inmaculada
– La Iglesia del Gesú Nuovo. Antes de ser vendido a los jesuitas en 1548, este era el palacio Sanseverino di Salerno, construido en 1470.
Es curiosa su fachada, que tiene su origen en un palacio fortificado del siglo XV. Con aparejo almohadillado, es una adaptación del palacio de los Sanseverino, príncipes de Salerno, construido en 1470 por Novello da San Lucano. Los jesuitas compraron el palacio por 45.000 ducados y lo transformaron en iglesia.
En el interior, por detrás de la fachada, puede observarse un gran fresco que representa a «Heliodoro expulsado del Templo de Jerusalén», de Francesco Solimena (1657-1747), que se inspira en el episodio bíblico narrado en el II Libro de los Macabeos, cap. III.
La planta es de cruz griega, con tres naves que se corresponden con las tres puertas de entrada. El estilo arquitectónico es renacentista y la ornamentación barroca. Desde el pavimento de mármol hasta la cornisa se elevan grandes pilastras recubiertas de mármoles policromados. Los altares y las balaustradas han sido realizados con incrustaciones de mármol. En total hay once capillas.
La capilla de San Ignacio de Loyola guarda dos de las mejores obras de Cósimo Fanzago: las dramáticas esculturas de David y Jeremías. La estatua de la Virgen sobre un globo de lapislázuli, que está sobre el altar, data de mediados del siglo XIX.


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